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Artículos Científicos

Algunas problemáticas de la Sociedad Ateniense de los Siglos V y IV a.C. reflejados en el discurso de los primeros oradores del canon ático

 

Some problems of the Athenian Society of the 5th and 4th centuries a.C. reflected in the discourse of the first speakers of canon penthouse

 

Jorge I. Mercado

Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes

Universidad Nacional de San Juan

La Revista de Divulgación Científica de ADICUS

RESUMEN

 

Acercarnos a problemáticas propias de la sociedad ateniense de los siglos V y IV a. C., a partir del testimonio de los primeros oradores del canon, encierra un doble desafío. Por un lado, sistematizarlas desde los testimonios propiamente dichos y por otro, brindar información sobre las mismas para alcanzar su conocimiento. La democracia ateniense fue el contexto adecuado para insertar estos oradores y sus discursos conservados, analizados como testigos de ese pasado.

 

El contexto dentro del cual nos situaremos, es el período comprendido entre la Pentecontaetia y la formación de la Segunda Liga Marítima (-450 a -378), donde se insertarán variadas experiencias y cada una de las piezas oratorias en particular.

 

El tiempo, considerado como histórico-social, nos conecta con diversas realidades históricas que, en definitiva, muestran la unidad de lo social. En esas realidades históricas, los protagonistas individuales y colectivos de los procesos insertos en ellas, sintetizan creencias, sentimientos, opiniones e imaginario de una época o un momento de una sociedad determinada. Aquí lo advertimos al detectar problemáticas, la visión que de ellas ofrecen los oradores áticos, y cómo afectaron a la sociedad ateniense.

 

Los autores de nuestros testimonios, conocidos a través de la consulta de variadas fuentes de información, son Antifonte, Andócides, Lisias, Isócrates e Iseo, cuasi contemporáneos, autores de las piezas oratorias consideradas como fuente de información principal del presente análisis.

 

ABSTRACT

 

Approaching problems typical of Athenian society from the 5th and 4th centuries a. C., from the testimony of the first speakers of the canon, it contains a double challenge. On the one hand, systematize them from the testimonies themselves and on the other hand, provide information about them to achieve their knowledge. Athenian democracy was the right context for inserting these speakers and their preserved speeches, analyzed as witnesses to that past. The context within which we will be located is the period between Pentecontaetia and the formation of the Second Maritime League (-450 to -378), where various experiences will be inserted and each of the oratory pieces in particular. Time, regarded as historical-social, connects us with various historical realities that, in short, show the unity of the social. In those realities the individual and collective protagonists of the processes embedded in them synthesize beliefs, feelings, opinions and imaginary of a given time or moment of a given society. Here we warn you when we detect problems, the vision offered by attic speakers, and how they affected Athenian society. The authors of our testimonies, known through the consultation of various sources of information, are Antifonte, Andócides, Lisias, Isocrates and Iseo, quasi-contemporaries, authors of the oratory pieces considered as the main source of information of this analysis.


PALABRAS CLAVES: Problemática-Atenas-Discurso-Orador

 

KEY WORDS: Problem-Athens-Discourse-Speaker

 

INTRODUCCIÓN

 

El mundo de la antigüedad clásica presenta características particulares que hacen de él una unidad en sí mismo. El esfuerzo de cualquier trabajo de análisis debe intentar alcanzar la explicación de situaciones contextualizadas con claridad, a partir de testimonios convenientemente seleccionados. A pesar de las limitaciones, lentamente se incrementa el número de los mismos incluyendo evidencias de diversa índole sobre las que el historiador elabora sus interrogantes e hipótesis. Sobre una clase especial de ellos, los discursos de los primeros oradores del canon ático, se pretende realizar el presente análisis. Precisamente la vida de la democracia ateniense fortaleció el papel rhetor u orador como autor de discursos varios, del político al forense donde la explicación daba paso a su particular visión sobre el momento y contexto en que era pronunciado. 

 

METODOLOGÍA

 

Desde el punto de vista metodológico se han seguido los pasos del método histórico y se han elaborado fichas de los autores consultados y de los discursos a ser analizados teniendo en cuenta su contenido y el momento en que fue pronunciado, la problemática a la que alude, sea interna o externa, y sus proyecciones en el contexto. También se ha tratado de confrontar su contenido con otros testimonios. De la misma manera, se pretende abordar los discursos como documentos o fuentes históricas, razón por la cual debe establecerse una adecuada metodología de análisis de los mismos. Es así como el esquema general aplicado consta de tres fases: información, interpretación y conclusión, sintetizando los resultados de las dos primeras en la tercera.

 

Problemáticas a las que hacen referencia

 

A partir de estos conceptos introductorios, veamos cuales son las problemáticas de la sociedad ateniense a las que se refieren.

 

Respecto de los sicofantas y heterías, una de las cuestiones identificadas, puede destacarse que la democracia ateniense de estos siglos, en su afán de favorecer la libertad de expresión y la participación ciudadana, engendró la presencia de individuos llamados sicofantas quienes hicieron de la delación un modo de vida; precisamente a “calumnia, denuncia” alude este término. Nuestros oradores presentan varios testimonios sobre ellos.

 

En el caso del más antiguo, Antifonte, en una de sus piezas oratorias, que lleva por título Sobre el asesinato de Herodes, se pone de manifiesto la presencia de estos individuos. El acusado, un ciudadano de Mitilene, llamado Helo, ha sido culpado en base a mentiras (1) del asesinato de Herodes. Conviene aclarar que si bien el problema está contextualizado en Lesbos, el agraviado ha sido un cleruco ateniense y este homicidio se inserta en el marco de las luchas internas en la isla, motivadas por el enfrentamiento entre oligarcas y demócratas. Avanzando en la lectura del discurso se sabe que al acusado le fue impuesta una fianza y que en su contra se presentaron testigos, según él falsos, es decir sicofantas indignos de crédito (2), con cuyo testimonio contradijeron las leyes en vigor. Siguiendo con el mismo orador, y respecto de la ley, entiende que son pías y comunes a todos los ciudadanos. Las mismas no deben ser entendidas o implementadas, de acuerdo a intereses personales, dado que fijan lo conveniente para todos y deben aplicarse sin arbitrariedad. Planteada así la cuestión, el propio acusado presenta sus testigos, los cuales insisten en la existencia y accionar de delatores, quienes hicieron falsas acusaciones, sin duda que a cambio de dinero. Además, él mismo destacó que el asunto fue tratado sin el consentimiento del resto de los atenienses, los que, Tribunales de por medio, debían mediar en estos casos, y, de mantener la acusación, le privarían del ejercicio de actos propios de un ciudadano, en un momento en el que sabemos que ser declarado ciudadano, por la misma Asamblea, implicaba el reconocimiento de sus derechos individuales.

 

Andócides en Sobre los Misterios, asumió su autodefensa en un caso grave de impiedad, la “Mutilación de los Hermes” y la parodia de los misterios eleusinos, previa a la partida de la expedición a Sicilia, durante las guerras del Peloponeso. La acusación fue por traición, a su familia, camaradas, patria y leyes (humanas y divinas) y destacó la presencia de delatores o sicofantas. El caso es presentado ante el Areópago, el que para el orador, es el tribunal supremo por excelencia y manifiesta que presentará pruebas de su inocencia. Insiste en que la acusación que ha recibido es una eisangelía, es decir una denuncia relacionada con temas de seguridad del estado y correspondía a la Ekklesia, con posterior consulta a la Boulé, aceptarla o rechazarla.

 

Su alusión a los sicofantas es frecuente, destacando el temor generalizado, que se manifestaba entre los ciudadanos atenienses, por verse implicados en procesos similares. Que ellos habían hecho pingües negocios con su trabajo, sobre todo bajo un gobierno democrático, motivando en el orador su caracterización como zorro, deshonrado, desagradable, entregado al dinero. (3)

 

En cuanto a Lisias, en el Areopagítico alude a un sicofanta de nombre Nicómaco quien realizó una acusación en un caso de impiedad, el cual, de comprobarse, implicaba la confiscación de los bienes del acusado, de los cuales el acusador recibía dos tercios. Esta temática era frecuente en los discursos de la época en cuanto que varios ciudadanos se vieron agraviados y su situación se complicaba cuando el proceso era entablado hacia algún miembro de una hetería, en este caso podían actuar como delatores los demás integrantes de la misma. El principal temor de quienes recibían este tipo de agravios, era precisamente la pérdida de sus bienes. Generalmente el sicofanta solía utilizar expresiones como nuevo rico a lo que el orador respondía diciendo que osan mentir a la ligera (los sicofantas) y delatan a los ciudadanos por ambición. (4)

 

Este tipo de prácticas apareció vinculado con las heterías o Hetairiai, las que eran asociaciones con fines políticos, de carácter secreto, que ya existían en tiempos de Cilón (siglo VII a. C.). Nuestros oradores presentan testimonios sobre ellas. Antifonte, en el caso de Herodes, dejó entrever como la acusación fue iniciada por uno de estos grupos en defensa de intereses políticos y económicos. En Sobre el coreuta, discurso que gira en torno a la muerte de un joven coreuta en casa del corego o entrenador, la acusación partió de un grupo de individuos, miembro de una hetería, los que recibieron dinero a cambio de la misma. Es más, llegaban a argumentar a favor de quien ofreciera más. Destacó que recurrieron al engaño y la calumnia y, en alusión a las heterías, que defendían sus intereses de grupo. (5) Andócides, nuevamente respecto de los misterios y la acción de sacrilegio cometida, se refirió a estos grupos políticos y sus luchas.

 

Lisias en Acusación contra los socios por injurias, alude a un pleito entablado en el seno de una hetería donde el agraviado expone que sufro malamente contra mis esperanzas y encuentro que me agravian quienes parecían ser amigos (6). Es decir que la íntima relación, que debía existir entre sus miembros, se había roto, cuando existían intereses en juego, sobre todo de tipo económico, lo que llevaba a generalizar habladurías y desprestigio personal.

 

En el caso de Iseo, si bien la producción conservada se refiere a discursos por herencia, en los fragmentos traducidos, tomados de Dionisio de Halicarnaso, aparece uno que lleva por título Contra Hagnoteo. A este le ha iniciado proceso su propio sobrino, con el apoyo de su hetería, con el objeto de obtener parte de los bienes de su tío; recurso utilizado por estos círculos, fundamentalmente oligárquicos, para proteger a sus miembros en alguna causa judicial. (7)

 

Con respecto a la ley, son variados los testimonios que nos ofrecen nuestros autores. Para Antifonte, se dijo más arriba, son pías y las más convenientes de todas (8), en grado tal que todos deben respetarlas por su antigüedad; su autoridad es divina, tanto que violarlas es cometer un acto de impiedad.

 

Por su parte Andócides, profundiza estas ideas subrayando la antigüedad de las leyes, en grado tal que recuerda las de Dracón y Solón, y la necesidad de mantener su vigencia y respetar todo mandato escrito a fin que los ciudadanos conozcan el marco legal sobre el cual respaldar sus actos. Para él, es necesario fijarlas por escrito, estar aprobadas por el Consejo, aplicarlas sin arbitrariedad y dar a conocer las reformas que se hagan a las mismas o, en su defecto, nuevas sanciones. Tanto valor tiene este principio, que ningún delito cometido será tratado en base a una ley no escrita.

 

Lisias, volvió a insistir en el respeto a las leyes, las que muestran cómo vivir decorosamente; para él son producto de la convención de los hombres y por lo tanto pautan la conducta individual y su violación significa ir en contra del estado mismo. La ley es soberana y debe buscar el adecuado equilibrio entre las libertades individuales y las acciones humanas, cuando ese equilibrio es roto son los mismos hombres los responsables de incitar la ira en sus conciudadanos a fin de encauzar nuevamente la conducta individual.

 

Otro de los rasgos de la sociedad ateniense testimoniada por los oradores, es el relativo a las obligaciones de todo buen ciudadano. Una de ellas era ésta precisamente, como así mismo cumplir con sus obligaciones civiles y religiosas desempeñándose como prítano, presentando propuestas e interviniendo en los debates necesarios y celebrando los ritos. (9) A lo que puede sumarse la realización de contribuciones (trierarquía, coregía), el trabajo honrado y el respeto a las instituciones y su autoridad. Andócides suma, a las enunciadas por Antifonte, las obligaciones de tipo militar, además, insistió en la necesidad de asumir riesgos en beneficio de todos, cumplir con sus obligaciones públicas, demostrando con sus actos, su integridad personal. (10)

 

En el caso de Iseo, contiene una pieza oratoria donde defendió a un ciudadano, Eufileto, de quien se dudaba sobre su condición de tal. Al respecto enumera rasgos que pueden sumarse a las obligaciones anteriores.

 

Lisias entiende que cualquiera sea el régimen político imperante, oligarquía o democracia, en cada uno de ellos los sujetos particulares defienden sus intereses personales, asumiendo las responsabilidades de un buen ciudadano. Para él son tales los que reúnen los requisitos más arriba enunciados sustentando su dignidad ciudadana en esta conducta. Su compromiso también debe manifestarse, en una entrega desinteresada en bien de la ciudad, tanto desde el punto de vista material, como físico.

 

Lo ideológico, en la sociedad ateniense de los siglos V y IV a. C., tiene como telón de fondo la fuerte pugna oligarquía-democracia, que también evidencian los oradores áticos de este momento, lo que no impide detectar otras cuestiones como el choque sofística – tradicionalismo. En Antifonte está presente en las Tetralogías, piezas oratorias donde contiende consigo mismo, en un trasfondo de homicidios, elaboradas aparentemente sólo con fines didácticos. La sofística se halla manifiesta en la estructura de las mismas, en ellas aparecen argumentos de acusación y defensa, lo que recuerda las antilogías sofísticas. En fragmentos atribuidos a este orador se advierte la oposición demos-aristoi, en la cual se presentó como defensor de la oligarquía; su participación en el golpe de estado de –411 así lo puso de manifiesto.

 

Siguiendo con la línea de trabajo aplicada, si recurrimos a Andócides, puede advertirse una posición ambivalente, en algunos aspectos se mostró partidario de la oligarquía y en otros de la democracia. Es necesario destacar que, por línea familiar estaba emparentado con el clan de los Cérices, vinculado desde antiguo a los cultos de las clases nobiliarias atenienses. Poseedor de una crecida hacienda, desempeñó sus funciones como sacerdote y como funcionario público. Siendo integrante de heterías oligárquicas fue sospechado de participación en la “Mutilación de los Hermes”, razón por la cual debió emprender el exilio. A su regreso buscó congraciarse con los demócratas lo que generó sospechas.

 

La aludida ambivalencia ideológica está presente en su discurso Sobre los Misterios, pronunciado con el objeto de defenderse de haber participado en el sacrilegio de los Hermes. Allí sostuvo la necesidad de revisar las leyes vigentes, fijarlas por escrito y encargar al Areópago vigilar su cumplimiento, a fin que todos los magistrados apliquen leyes escritas. Es así como este tribunal, célebre institución oligárquica, tiene para él, total autoridad al respecto. Sin embargo, más adelante en el mismo discurso, se refiere a la democracia restaurada al conceder plena vigencia a toda disposición emanada del régimen democrático (y declarar) enemigo de los atenienses (a los contrarios al régimen). (11)

 

Lisias defendió la democracia restaurada y a todos aquellos que, identificados con ella, sean ciudadanos puros o extranjeros, imitaron siempre la antigua virtud de los antepasados siendo honestos en el ejercicio de sus derechos y en su compromiso con la ciudad. Para él, quienes asumían conductas contrarias, eran enemigos de la democracia, considerando que debían ser castigados por hacer desaparecer vuestra legislación. De esta manera todos los asuntos del estado se administrarán con arreglo a las leyes. (12) La falta de integridad de estos personajes le induce a sostener que han traicionado hasta a los mismos dioses patrios, debiendo recibir la atimia, temido castigo por delitos de lesa salud pública, que podía se extendido al resto de la familia viéndose privados de derechos y bienes personales.

 

Continuando con esta misma temática, Isócrates, en algunas de sus composiciones, también testimonia esta oposición. En el Areopagítico, pronunciado hacia el -350, el orador defendió el valor de la constitución como marco legal dentro del cual debían actuar todos los ciudadanos, volviendo nuestros ojos a la democracia de Solón y Clístenes. Porque:

 

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“... Todos sabéis que ese gobierno es para nosotros una herencia de los antepasados, causantes de enormes bienes para la ciudad y para los demás griegos, y que además de esto fue legalizado y establecido por unos hombres de tal categoría que no habría nadie que no estuviera de acuerdo en que eran los ciudadanos más demócratas...” (13)

 

A través de este pensamiento, trató de mostrar que aquella democracia era más estable, justa, equilibrada; sería conveniente volver a ella, en la realidad la de su tiempo se hallaba permanentemente hostigada por intentonas oligárquicas. Por otra parte, las democracias, tienden a ser más beneficiosas para las ciudades y sus habitantes, entiéndase ciudadanos puros, que las oligarquías, aspiran a la legalidad, no fomentando odios ni venganzas, buscan justicia y equidad. Isócrates expresó que se refiere a esto por dos motivos:

 

“... primero para demostrar (...) que (desea) gobiernos justos y ordenados; en segundo lugar para señalar que incluso las democracias mal establecidas son causa de menores desgracias y las bien organizadas sobresalen por ser más justas, más igualitarias y más agradables para quienes participan en ellas” (14)

 

En el Filipo, si bien hizo un llamado al panhelenismo, entiende que las ciudades, sobre todo Atenas y Esparta, debían superar sus diferencias. Una de ellas, era la oposición oligarquía-democracia, ya que esto profundizaba su crisis interna de la que se aprovechaban sus rivales externos. (15) Ideal que también defendió en el Panegírico, aunque buscando la unión entre las dos polis clásicas a fin de hacer de Grecia la “patria común”, donde el liderazgo ateniense sea incuestionable. (16)

 

Con relación a la democracia ateniense, en Isócrates y en Lisias pueden encontrarse expresiones de elogio. Respecto del primero en la composición mencionada más arriba, Panegírico, elogió a la ciudad por haber sido una de las primeras en establecer una constitución que organizara sus instituciones, la cual al mismo tiempo, fortalecía la “identidad” de los ciudadanos con la ciudad, asegurando su protección y defensa. (17)

 

Con anterioridad se ha expresado que el Areopagítico sirvió al orador para elogiar la democracia de tiempos de Solón y Clístenes. En esta pieza oratoria se advierten tonos de crítica a la democracia posterior, la que al establecer el “sorteo” para cubrir los cargos y fomentar una mayor participación, creó un ambiente proclive a cometer abusos e injusticias. Igualmente hubo tendencia a malversación de fondos y corrupción, desviando a los más capaces del tratamiento de los asuntos públicos. Dejó claro que estos conceptos no debían inducir a pensar en él como un pro-oligárquico; al contrario defendió las democracias bien establecidas, no casualmente, sino en razón de su justicia y rectitud, lo cual es un legado de los antepasados. (18)

 

Por su parte Lisias, en una de sus piezas oratorias, también elogió la democracia ateniense viendo a la ciudad como virtuosa, además hizo extensivo el mismo a quienes lucharon por ella, no obligados por la ley, sino por la posibilidad de imitar la antigua virtud de sus antepasados. (19)

 

También es digno de destacar que para él, no solo los hombres deben ser elogiados, sino también las instituciones por ellos formadas, Asamblea, Tribunales, Consejo, pilares que aseguraban su funcionamiento. Para Lisias debía manifestarse una clara simbiosis entre ciudad y ciudadano; la primera debía ser continente del segundo a fin que éste, en un régimen como el democrático, en este caso ateniense, lograse su realización personal; en la medida en que lograba esta meta, su entrega era mucho más efectiva.

 

En consideración a las cuestiones presentadas, podemos pensar en los oradores como individualidades que, desde la tribuna judicial, intervenían en asuntos del estado a fin de agitar a todo un pueblo. En la realidad no son políticos de profesión, y si bien pudieron haber ocupado un cargo, fueron, en concreto, “fabricantes de discursos”. Ellos desde un asunto privado, se elevaban a generalidades que interesaban a todos aquellos que podían asistir a un debate o al tribunal; y con el tiempo adquirieron la denominación de logógrafos, o sea toda aquella persona que elaboraba discursos para otro, con una elegante prosa y cuidando la adecuada contextualización de la causa.

 

De esta manera las piezas oratorias hasta aquí consideradas facilitan el acceso a otras cuestiones más cotidianas como por ejemplo el funcionamiento y atribuciones de los tribunales atenienses y los tipos de causas, el móvil económico de algunas de ellas, no sólo por exigir el pago de una fianza, bastante abultada, según el acusado, sino por plantear, en caso de culpabilidad, la confiscación de bienes. (20) También el juego de lealtades y traiciones personales en hechos, como un sacrilegio, como lo muestra Andócides. La temática tiene cierta continuidad en Sobre su regreso, donde justificó su exilio voluntario a raíz de las sospechas que recayeron sobre su persona.

 

En una etapa de conflictos permanentes, los oradores elogiaron el valor de la paz y lo que significaba para el pueblo ateniense en particular y el hombre en general. Para Andócides implica estabilidad y recuperación económica, dotarse de equipamiento naval y militar, emprender obras públicas, conservar instituciones democráticas, tratar en pie de igualdad a otros estados; en una palabra la paz representa para nuestra democracia, la salvación y el poder, y que la guerra viene a ser su total destrucción (21)

 

En esta misma línea, Isócrates en el Panegírico, insistió constantemente en conservar la paz, dado que su contrario, es el origen de numerosos males. Aconsejó e instruyó a los mismos atenienses en aras de este objetivo, mejor se conserva aquello que ha logrado el hombre a través de su propio esfuerzo; el bien alcanzado no redundará en beneficio sólo de los ciudadanos, sino de la ciudad toda en el conjunto de las polis griegas. Para el orador, una vez lograda la paz, y en el convencimiento que debía ser conservada por todos, la guerra había de ser llevada al bárbaro y al enemigo externo, el cual aprovechaba estas circunstancias para debilitar a las ciudades. (22)

 

El Plateense, sirvió a Isócrates para enunciar los males de la guerra y, en contrapartida, revalorizar la paz. Una vez más, la paz como valor universal, es el eje del discurso que lleva el significativo título Sobre la paz pronunciado hacia el -356 , momento en que se disolvía la Segunda Liga Marítima Ateniense, y era urgente alcanzar la concordia entre todos, aún atenienses y espartanos, y buscar soluciones de conjunto. Se mantiene en su pensamiento: son los hombres los únicos responsables en conservarla y actuar en consecuencia; lograda esta meta se podía vivir con seguridad, tener abundancia, unión entre todos y ser felices. (23)

 

En otras piezas oratorias de Isócrates, están presentes cuestiones como irregularidades cometidas durante el gobierno de los Treinta Tiranos en la Atenas posterior a las guerras del Peloponeso, sobre todo hacia ciudadanos que debieron soportar la confiscación de sus bienes y, por lo tanto, la limitación de sus derechos cívicos. Algunos abusos fueron: irregular funcionamiento de las instituciones democráticas, “amiguismo”, confiscaciones, venalidad, pérdida de bienes, corrupción. (24) El temor hacia la pérdida de bienes muebles e inmuebles, ya sea en manos del estado o de particulares, debió ser una constante en torno a los años -400/-390. Se advierte en lo que se ha dicho hasta ahora y también en otras composiciones.

 

Sabemos el valor que representaba la tierra para la economía antigua en general, y en el caso de las polis griegas era más elevado dada la escasez de este preciado bien. Iseo, en sus fragmentos, presenta un litigio entablado contra los integrantes de un demo quienes habían recibido un terreno en garantía y, cuando su dueño se presentó a reclamarlo, se negaba su entrega. Quizás la negativa era motivada por el valor bruto de la tierra, por su extensión, que favorecería un mayor reparto, o por su productividad. Lo cierto es que el agraviado, presentó el caso ante el tribunal, exigiendo un resarcimiento. Mantenerse en esta situación limitaba sus derechos cívicos; prueba de la simbiosis entre ciudadanía, derechos, propiedad de la tierra. (25)

 

Lisias también testimonió los abusos de la oligarquía posterior a la derrota en las guerras del Peloponeso, sobre todo la confiscación de bienes, la que no se limitó solamente a los ciudadanos, sino que también afectó a metecos ricos, categoría a la que pertenecía la familia del orador. En algunos casos no solo era la pérdida de las tierras, sino la de su propia vida, dado que se había institucionalizado la pena de muerte impuesta por los oligarcas: beber la cicuta.

 

Continuando con la problemática de la propiedad de la tierra, presenta un caso donde el defendido debe actuar con celeridad para conservar patria y hacienda. Está acusado de usufructuar tierras, que adquirió de un tercero, y de haber arrancado de allí un olivo sagrado. Por detrás de este hecho se advierte, una vez más, el valor de la tierra (hacienda) y cómo ser propietario conllevaba la posesión de derechos ciudadanos. Como medio de producción, la tierra, era un bien escaso y debía ser explotado intensivamente, pero no con cualquier cultivo, desde tiempos de Solón la producción olivícola era prioritaria, lo que permite entender parte de la demanda presentada.

 

Vemos como la tierra y la producción a ella vinculada, era un bien apetecido por terceros, o por el propio estado, quien podía confiscarla en momentos de extrema necesidad. Uno de ellos fue el comienzo del siglo IV; la derrota en las guerras fratricidas, significó el agotamiento económico de Atenas y la necesidad de contar con bienes para su inmediata explotación. La necesidad de recursos desde el estado, fue la causa de este tipo de confiscaciones, debiendo los perjudicados, sacrificar su seguridad y su prestigio personal.

 

ALGUNAS CONCLUSIONES

 

Considerando las problemáticas detectadas, puede destacarse el valor del testimonio de estos oradores áticos quienes sin ser historiadores, presentan, referencias que favorecen la reconstrucción del momento y nos conectan con las preocupaciones del hombre ateniense. Cuestiones donde es innegable el trasfondo humano y, pareciera advertirse la presencia del mismo individuo que se veía afectado por alguna de ellas.

 

Siguiendo la línea de expresiones de Fritz Gschnitzer vemos al hombre y sus vinculaciones, al mismo tiempo ciertas formas de convivencia y su inserción en un determinado sistema. (26) Es así como aparece el individuo, no aislado, por lo tanto protagonista individual y colectivo; la colectividad nos acerca a esas vinculaciones y formas de convivencia dentro de un sistema u orden que no es otro que la polis ateniense. Esta polis con su entorno particular, tanto natural como cultural, muestra, a través de los discursos de los oradores, todo aquello que le inquietaba en aquel momento. El medio a través del cual se viabiliza esta comprensión / percepción es el discurso, que mediante técnicas específicas, facilitaba la peithó o persuasión. La misma en una coyuntura como la de estos siglos se materializaba a través de la palabra o logos ya que el ciudadano, no sólo participaba de la aprobación de leyes, decretos, tratados; también se integraba en los Tribunales, la Asamblea o el Consejo, siendo testigo de aquellos problemas del momento.

 

CITAS

 

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ANTIFONTE-ANDOCIDES, Op. Cit.

 

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ANTIFONTE-ANDOCIDES, Op. Cit.

 

ANTIFONTE-ANDOCIDES, Op. Cit.

 

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ISOCRATES, 1980, Discursos I y II. Gredos, pp. 55/56 y 68

 

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Ibídem, pp. 169/170

 

Ibídem, pp. 220/244

 

Ibídem, pp. 209

 

Ibídem, pp. 68

 

LISIAS, Op. Cit., 117

 

ANTIFONTE-ANDOCIDES, Op. Cit., pp. 95 y 121/122

 

Ibídem, pp. 279/280

 

ISOCRATES, Op. Cit., pp. 249/250

 

Ibídem, pp. 15

 

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GSCHNITZER, F., (1987), Historia Social de Grecia. Akal, pp. 10.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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MERCADO, Jorge I., (2012), Discurso y sociedad en la Atenas de los siglos V y IV a. C. Los primeros oradores áticos y las problemáticas de su tiempo. Tesis de Doctorado, Trabajo inédito.