ISSN 2684-0596

Opiniones

Universidad e Institutos Preuniversitarios: Reflexiones en contexto de Pandemia 

 

Lic. Silvana Guirado

FFHA - EIDFS - ECLGSM

Universidad Nacional de San Juan

 

La Revista de Divulgación Científica de ADICUS

Sobre Nosotros

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"Contribuciones Científicas Preuniversitarias y Universitarias" es una revista de divulgación científica propiedad de la Asociación de Docentes, Investigadores y Creadores de la Universidad Nacional de San Juan (ADICUS). 

ISSN 2684-0464

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Vivimos actualmente una crisis sanitaria sin precedentes, inédita y extraordinaria en todo el mundo. La Pandemia del COVID-19 impactó fuertemente en el sistema económico y social mundial y en su intensa interconexión, dejando al descubierto e intensificando la desigualdad y vulnerabilidad social y la falta de Políticas Públicas sólidas y sustentables. 


La crisis, hizo más evidente el perverso vínculo del sistema capitalista con el medio ambiente y demostró también el desmantelamiento del sistema de salud público por parte de los gobiernos neoliberales y por la ineficacia de organismos internacionales como la OMS. 
 

Por otro lado, se manifestó la necesidad de un desarrollo científico y tecnológico comprometido y al servicio del pueblo, postulándose este como un instrumento fundamental para combatir la pandemia, pero también, para construir un país independiente. 
 

En este contexto, los Institutos Preuniversitarios - IPU- y la Universidad en general (como instituciones y espacios físicos) también han sido afectados. Hoy, en todos los ámbitos educativos reflexionamos sobre este intenso y abrupto cambio a la virtualidad, sobre sus debilidades o fortalezas, sobre los cambios que hacen falta y también sobre lo que muchos creían que ya era obsoleto…y hoy se demuestra que no es así.
 

El 16 de marzo, (día en que conocimos a los estudiantes del ciclo 2020) el Gobierno Nacional llamó al confinamiento social obligatorio con el fin de priorizar la salud del pueblo. Para todos los docentes y estudiantes los primeros días fueron de incertidumbre, pero con la creencia de que no sería una suspensión muy larga. 


Durante las primeras semanas, comenzamos a recibir las primeras directivas para comenzar a conectarnos con nuestros estudiantes a través de la virtualidad, diversas plataformas virtuales, campus virtuales institucionales, correo electrónico y posteriormente hasta grupos de WhatsApp, buscando así una comunicación más fluida. 


Adaptar la clase y el proceso de enseñanza-aprendizaje a la virtualidad, no es tarea sencilla y requiere de un tiempo considerable. No todos los docentes y estudiantes están preparados para trabajar en la virtualidad y para manejar una gran cantidad de herramientas que se necesitan y que requieren de capacitación o al menos de un tiempo considerable para aprender a manejarlas.


Por otro lado, no todos los docentes y estudiantes poseen en sus casas el espacio y las herramientas necesarias para trabajar, existe una infinidad de realidades que se deben contemplar para no caer en la segregación o en el “sálvese quien pueda”. 


La vocación, el esfuerzo y la voluntad de docentes y equipos de gestión en esta crisis es sobresaliente. En pocas semanas la gran mayoría de los docentes logró contacto con los estudiantes y pudo comenzar a enviar sus clases. Con el correr de los días se comenzaron a ver diversas estrategias innovadoras que se pusieron a prueba, entre ellas, audios y videos grabados, trabajos interdisciplinarios y hasta convocatorias a los estudiantes para escribir ensayos y reflexionar sobre la crisis sanitaria y la pandemia del COVID-19, entre otras.


A pesar de los esfuerzos, también se comenzaron a ver las dificultades, el trabajo a destiempo, la sobrecarga y el exceso de comunicación sin horario. Esta situación posee una variante más compleja aún para las mujeres, debido a que son ellas quienes en la mayoría de los casos llevan adelante las tareas del hogar y se encargan del cuidado de menores de edad o personas mayores, así, esta nueva realidad ha venido a develar aún más esta desigualdad. 

 

Por otro lado, se comenzaron a ver las dificultades en los estudiantes, hogares sin espacio y equipamiento, estudiantes sin contacto por no tener acceso a internet o por tener un acceso muy escaso, realidades familiares complejas que le imposibilitan llegar a tiempo con las tareas o directamente no poder realizarlas. 

 

Ante estas realidades, ha sido muy importante también el accionar del Centro de Estudiantes, organismo muy importante que no todas las escuelas tienen y que también se suma como una pieza fundamental en contexto de pandemia. Contactar estudiantes, colaborar con clases y asesoría técnica, crear tutoriales para el manejo de plataformas, distribuir cursos entre estudiantes avanzados para ayudar principalmente a los ingresantes, elaborar y distribuir alcohol en gel, etc. Estos, son algunos de los grandes ejemplos de solidaridad y compañerismo que se observa en los estudiantes durante esta crisis sanitaria.

 

La educación virtual, muy defendida por sectores liberales, en esta pandemia ha demostrado servir de nexo, de contención, sirve para mantener un vínculo y ayuda al acercamiento de contenidos mínimos, pero este sistema virtual de ninguna manera reemplaza la presencialidad.

 

La escuela, principalmente la escuela pública, es un espacio físico donde se comparte y se construye lo común a todos, donde actualmente la mayoría "llega", a pesar de las diversas realidades sociales que se presentan, y donde se generan diversos vínculos irremplazables compartidos por toda la comunidad educativa. 

 

No solo se aprende dentro del aula, la socialización en la escuela (desde un recreo, un club de ciencias, hasta el centro de estudiantes), aporta experiencia de aprendizaje que en el espacio virtual no se concretan, o al menos no de la misma manera que en el espacio concreto y real. 

 

La educación es una experiencia política, que constituye mucho más que una clase.

 

Algunos sectores hablan de la educación virtual como algo “que llego para quedarse”, (afirmación, como mínimo, cuestionable). Es evidente que la pandemia ha generado un importante y necesario avance en el uso de las TIC, el manejo de programas y plataformas específicas para el envío de clases o para reuniones virtuales, por ejemplo. Pero, aun considerando esto ¿podemos afirmar que la tecnología reemplaza el vínculo presencial y el espacio concreto y común? De ninguna manera, son simplemente herramientas, son complementos que pueden o no beneficiar un proceso de enseñanza-aprendizaje.

 

Detrás de la idea de que la educación virtual “democratiza la educación” se esconden intereses que pretenden mercantilizarla, ahorrando en presupuesto, infraestructura, equipamiento, salarios y transfiriendo costos al trabajador. Estas situaciones, deben ser intensamente cuestionadas y debatidas en todos los ámbitos de la comunidad educativa. 

 

Habiendo transcurrido ya más de tres meses del confinamiento social obligatorio, la incertidumbre, las preguntas y los debates ahora se trasladan también a la evaluación, ¿Cómo evaluamos? ¿Qué evaluamos? ¿Se evalúa solo el proceso? ¿Lo hacemos con escala numérica o cualitativa? ¿Qué es justo y que no? Para el caso de la evaluación, está claro que debemos flexibilizar criterios y priorizar contenidos, tener en cuenta el contexto y desarrollar actividades de seguimiento que en lo posible no involucren una calificación numérica. La forma de evaluar en este sentido plantea algo fundamental que tienen que ver con cómo tomamos esta crisis, ¿Nos adecuamos o forzamos una supuesta normalidad?

 

A su vez, ya surgen los interrogantes de cómo será el cursado después del receso escolar de invierno, ¿Volveremos a la escuela? ¿Cómo reorganizamos el calendario? ¿Cómo retomamos lo visto en contexto virtual? 

 

Las medidas que se toman actualmente y las que se tomarán con posterioridad cuando la cuarentena termine, deberá contemplar los derechos laborales de los docentes y los derechos de los estudiantes, esto no será tarea sencilla.

 

La Pandemia del COVID-19 vino a profundizar una crisis estructural económica y política que ya existía, estamos ante la oportunidad de comenzar cambios muy necesarios, el debate sobre ¿Qué universidad necesitamos? ¿Qué enseñar? ¿Cómo enseñar? y, sobre todo ¿Para qué enseñar?, deben ir de la mano del desarrollo independiente, nacional y autónomo de la ciencia y la tecnología, aspecto fundamental para la emancipación argentina y el bienestar de todas y todos. 

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