ISSN 2684-0596

Editorial II

Universidad, Educación Pública, Gratuidad y Equidad en Tiempos de Pandemia

 

Ing. Luis Manuel Tiscornia

Profesor Titular

Facultad de Ciencias Agrarias

Universidad Nacional del Comahue

Secretario General CONADU HISTÓRICA

La Revista de Divulgación Científica de ADICUS

A partir de la suspensión de las clases presenciales en todos los niveles educativos  en el mes de marzo y luego la cuarentena a partir del 20 de marzo, en las universidades nacionales se continuaron mayoritariamente con los cursados de las distintas carreras con la llamada modalidad virtual. En algunas universidades desde las autoridades se realizó el pasaje  de todo el cuatrimestre de todas las carreras en forma “automática”, por resolución rectoral, con fechas de inicio en la primera semana de abril y finalización en los primeros días de julio, manteniendo los mismos horarios de clase, y en las evaluaciones de docentes y estudiantes, las exigencias académicas normales. Incluso con una dosis llamativa de autoritarismo e imposición.  Un planteo negacionista de la situación, como que “aquí no pasa nada”, o “todo sigue normalmente”. Objetivamente,  ignorando las condiciones concretas en que docentes y estudiantes debíamos realizar un cambio tan abrupto. En unos casos hubo postergaciones de fecha de inicio de los cursados más amplias y una línea o dirección en el sentido de continuar con los cursados haciendo lo que se pueda, sin presiones o imposiciones mayores a la espera de lograr mayor claridad en relaciones a la posible duración de la situación de suspensión de las clases presenciales. En otros casos, los menos, hubo suspensión de los cursados a la espera de una relativamente rápida vuelta a la presencialidad. La expresión más conocida fue la UBA que fijó el inicio del cuatrimestre para el 1 de junio apostando a que para esa fecha se podía retornar a la presencialidad

y readecuar el calendario académico de los dos cuatrimestres, incluso afectando los recesos de invierno y verano. La cuarentena se extendió y hoy, en el mes de julio ya llevamos más de tres meses dictando las clases en la llamada “modalidad virtual”, en algunos casos finalizando los cursados del primer cuatrimestre. NO existe claridad acerca de una fecha posible de retorno a la presencialidad. Desde las autoridades educativas se afirma que los universitarios van a ser los últimos en volver a clase y, muy probablemente, en universidades se continuará todo, o gran parte del segundo cuatrimestre, en forma virtual y en el mejor de los casos con un formato híbrido, una parte virtual y otra presencial, habida cuenta de las restricciones sanitarias, particularmente el distanciamiento, que perdurará hasta que exista una vacuna. Existe, por lo tanto, un debate importante acerca de las consecuencias de estos más de tres meses de dictados de las materias bajo la modalidad virtual y sobre las proyecciones hacia el futuro. Las implicancias, en principio, deben analizarse desde tres dimensiones. Los efectos sobre el derecho a estudiar o de los derechos estudiantiles, sobre los derechos laborales de los docentes y no docentes y desde la calidad académica. Los docentes fuimos empujados abruptamente a desarrollar una modalidad de enseñanza para la cual no estábamos capacitados. La capacitación, lógicamente, fue sobre la marcha y en general insuficiente. Existe una tradición importante en la denominada educación a distancia y tiene un nivel de especialización de los métodos de enseñanza importante y diferente a la enseñanza presencial. O sea no se puede trasladar automáticamente de una modalidad presencial a una a distancia o remota. Amerita un proceso importante de capacitación de los docentes. Se generó una situación de sobretrabajo relevante que todavía persiste que se hace muy difícil de sostener en particular en los cursos muy numerosos. El paso abrupto a la modalidad virtual, desde el hogar y en aislamiento con la familia, es una situación de mucha tensión. Se mezcla permanentemente la vida familiar con las actividades laborales y los horarios laborales son muy difíciles de mantener. A ello hay que sumarle que los instrumentos de trabajo, computadora y conectividad en internet, son provistos por los docentes y, por lo tanto, en no pocos casos se incurrió en nuevos gastos para poder mantener las tareas docentes o no se pudo resolver adecuadamente. Lo establecido en el CCT de que el empleador, la Universidad, debe proveer las herramientas y el lugar de trabajo adecuado quedó como letra muerta. En síntesis, el dictado de los cursados se realizó sobre la base del esfuerzo docente y fue financiado por los docentes. Fueron afectados los derechos laborales docentes. La gran mayoría de la docencia universitaria se cargó al hombro la continuidad pedagógica, trabajó durante toda la pandemia manteniendo el dictado de las clases con nuestro esfuerzo laboral y económico. Esto todavía no es reconocido por el Estado.

 

¿Educación a distancia o  teletrabajo?


El teletrabajo está definido como una modalidad laboral o de trabajo a distancia que incluye el trabajo en el domicilio y que se efectúa con el auxilio de los medios de telecomunicación y computadora. Esta modalidad ya existía y es motivo de arduas discusiones en relación a quiénes son los beneficiarios. Es uno de los componentes de la reconfiguración de las relaciones entre capital y trabajo en el capitalismo contemporáneo. Desde el capital es propagandizado como una modalidad en la cual ganan ambas partes. Desde los estudiosos de las relaciones laborales se argumenta profusamente en relación a que es una modalidad altamente perjudicial para las y los trabajadores, y contribuye esencialmente a la maximización de la tasa de ganancia del capital. El empleador se ahorra las inversiones en proveer el lugar de trabajo, que pasa a ser el domicilio del trabajador, se rompe la posibilidad de garantizar horarios de trabajo, el ahorro de tiempo que se produce en no ir al trabajo termina siendo más horas de trabajo en la casa, la frontera entre la vida familiar y la vida laboral se hace difícil de precisar. En particular con alto impacto en las mujeres, sobre las cuales recaen frecuentemente las mayores tareas domésticas. Los costos de las herramientas de trabajo, como así energía y conectividad suelen recaer ahora sobre el empleado y fundamentalmente desde el punto de vista del capital a nivel macro se logra establecer una relación muy individual con el empleado, y se rompe o dificulta la tradicional vinculación entre trabajadores, que permite su organización y acción colectiva en los sindicatos. El poder minimizar las posibilidades de organización sindical es la trasformación o cambio que quizás más se valora desde los intereses del capital. La educación a distancia no es lo mismo que teletrabajo. La educación a distancia es una forma o modalidad de enseñanza no presencial, o no totalmente presencial, pero no necesariamente el trabajo se realiza en el domicilio. El estudiante no se traslada al aula y no tiene contacto directo con el docente, o este es mediado por la tecnología. La posibilidad de lograr un grado aceptable de aprendizaje en muchas disciplinas es la limitación central de las modalidades de educación a distancia. Es cierto que los desarrollos tecnológicos facilitan cada vez más algunas cuestiones pero no ha sido la evolución de la tecnología lo que le pone límites a la educación a distancia, sino esencialmente si es posible lograr los objetivos de aprendizaje necesarios. Para quienes ven el conocimiento como una mercancía, y a la educación superior como un gran mercado a potenciar, sin duda alguna la combinación de educación a distancia con teletrabajo  es un atractivo muy fuerte. Es decir, bajar costos al no tener que construir aulas  para los estudiantes u oficinas o áreas de trabajo para los equipos de cátedra, trasladarle al docente los costos de los medios de trabajo, insumos e instrumentos. Flexibilizar los horarios de trabajo es un atractivo muy fuerte para quienes ven un futuro de mercantilización  de la enseñanza superior.


El uso de herramientas virtuales, o modalidades virtuales de enseñanza pueden ser un complemento interesante y muy útil en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Quienes somos docentes siempre incorporamos los avances y desarrollos tecnológicos a nuestra actividad docente. Pero el teletrabajo es otra cosa. Está en juego el valor de nuestro trabajo y cómo se remunera, y las relaciones sociales y económicas que establecemos con el empleador, el Estado en este caso, como colectivo docente. El teletrabajo es una modalidad que deteriora las condiciones laborales en general en todas las áreas y también vale para nuestro oficio. Además es necesario reafirmar que la enseñanza presencial es irremplazable como vertebradora de los proceso de formación en la mayoría de las disciplinas y fundamentalmente en el nivel de grado y pregrado.

 

Los derechos estudiantiles


En algunas universidades ya hay datos sobre el aumento del desgranamiento estudiantil a partir de la pandemia.  Es muy importante hacer un análisis nacional y regional sobre esta situación. En la UN del Comahue  se registró un 65 % de desgranamiento en el primer año, cuando normalmente los porcentajes se sitúan en un 30 o 40 %. El desgranamiento es un fenómeno multicausal. En este periodo de traslado de todos los cursados a la modalidad virtual, se señala como una causa central en el desgranamiento la falta de conectividad y la falta de computadora en muchos estudiantes. El porcentaje de estudiantes que no poseen computadora y solo cuentan con el celular para estudiar es alto. A su vez las plataformas de las universidades son deficientes y los problemas de funcionamiento en la conectividad durante las actividades de enseñanza son frecuentes. Los estudiantes también están en aislamiento con sus familias, por lo tanto, la existencia o no de condiciones mínimas de habitabilidad para estudiar es una variable también relevante. Además, la situación socioeconómica general de la población se ha agravado y es dramática en los sectores de más bajos ingresos familiares, en particular de aquellos de la economía informal o autónomos o que han perdido el empleo.


La calidad académica


Una gran parte de los cursados de las distintas carreras se han dictado en la modalidad virtual en el conjunto de las universidades nacionales. Sin embargo, hay una cantidad de asignaturas que directamente es inviable dictarlas en forma virtual. Estos cursados se han suspendido o solo se han desarrollado los aspectos tradicionalmente denominados teóricos y las prácticas están suspendidas a la espera del retorno a la presencialidad.  En otros casos, se han readecuado los programas sacrificando las actividades que no se pueden trasladar a la virtualidad. Esto implica retrasos y déficits en la formación. Las dificultades en el dictado de los cursos ligados a la propia falta de formación de los docentes en esta modalidad y, en gran medida, a las deficientes plataformas virtuales y déficit de conectividad en docentes, y mayormente en estudiantes o la propia readecuación de los programas de las asignaturas, implican resignar contenidos en función de la emergencia que hacen que se resienta la calidad de la enseñanza. Se resalta que un porcentaje alto de los estudiantes está estudiando solo desde el celular. Los docentes y estudiantes están realizando un gran esfuerzo para minimizar estos efectos. Pero el impacto en la calidad académica es inobjetable. ¿Resolviendo los problemas de conectividad y computadoras en docentes y estudiantes y capacitando a los docentes se resuelven estos problemas? En una medida importante se mejora la situación.


Pero en la enseñanza, la presencialidad, hace que la diferencia en la calidad académica sea grande. No solo por las denominadas prácticas en muchas disciplinas, sino por la potencialidad de la relación docente alumno y las interacciones presenciales entre los mismos estudiantes, más aún en los primeros años de las carreras en los cuales, en muchos casos, son imprescindibles  las actividades de adaptación a los estudios universitarios, cursos de ingreso y/o nivelación, adecuación a la vida universitaria, aprendizaje de metodologías y técnicas de estudio para la Universidad para minimizar las dificultades en el tránsito entre el secundario y la Universidad. Las experiencias de educación a distancia ya tienen muchos años, y se restringen a determinadas disciplinas y fundamentalmente a nivel de posgrado o actualización profesional. 


Esto habla de las propias limitaciones de la misma frente a la enseñanza presencial, en particular en el nivel de grado y no de “resistencias o tradicionalismos en los y las docentes frente al uso de las herramientas tecnológicas”.

 

Conclusiones


La gran mayoría de la docencia universitaria asumió y le puso el hombro a continuar con los cursados en la modalidad virtual para tratar de que los estudiantes pierdan lo menos posible, entendiendo que estamos ante una situación de emergencia y, por lo tanto, transitoria. Las urgencias están ligadas, probablemente, a resolver los problemas concretos que tenemos, docentes, estudiantes y no docentes, ante la necesidad de continuar con las modalidades virtuales en una parte o todo el segundo cuatrimestre de acuerdo a la cuestión central en el país que es priorizar el cuidado de la salud de nuestro pueblo. Esta es la cuestión central. Sin embargo, desde algunas usinas se montan sobre esta realidad, utilizando e instalando ideas alrededor de frases como “la virtualidad llegó para quedarse” y que “vamos a una nueva normalidad en la enseñanza” para avanzar en un proyecto de profundización de la mercantilización de la enseñanza superior.  No podemos subestimar estos planteos. Para quienes ven a la enseñanza superior como una mercancía, ejemplo de muchas universidades privadas, la generalización de la modalidad virtual implicaría una disminución extraordinaria de costos que las haría más competitivas frente a la universidad pública en muchas carreras que, hasta ahora, no desarrollan por las inversiones necesarias que conllevan. Además permitiría la deslocalización de la enseñanza tanto desde el lado estudiantil como desde los docentes, dándole un golpe fuerte a la territorialización de las universidades. La concepción de una Universidad integrada en su enseñanza, investigación y extensión a cada una de las regiones donde está inserta queda gravemente afectada si con la generalización de la virtualidad tanto el docente puede dictar sus clases viviendo en cualquier lugar del país o incluso del extranjero, como el estudiante tomar sus clases en cualquier lugar del país e incluso del extranjero. Significa que la radicación de universidades en las distintas regiones del país y el dictado de carreras en distintas áreas de cada región tiene un gran  valor centrado en esta integración local y regional de la enseñanza, investigación y extensión. No solo en el acceso de los jóvenes a los estudios sino también en el desarrollo económico, social y cultural de cada región que implica, además, la radicación de docentes, no docentes y estudiantes localmente. La generalización de la virtualidad se enlaza con proyectos de mercantilización de la enseñanza superior que datan de muchos años como los proyectos ligados a los modelos tipo “Plan Bologna”, de vaciamiento del grado y traslado de aspectos fundamentales de la formación profesional al posgrado arancelado, y de deslocalización de la enseñanza con lo más reciente como la llamada movilidad de los estudiantes con los sistemas de acreditación de trayectorias académicas. Esto claramente favorece a las universidades centrales o más grandes y “prestigiosas”, y el vaciamiento de las regiones, pues la cercanía e inserción regional pierde valor en la virtualidad. La generalización de la modalidad virtual se convierte, en los hechos, en la generalización del teletrabajo que afecta los derechos laborales de la docencia universitaria y preuniversitaria, afecta el derecho a estudiar ante las desigualdades económicas y sociales de los estudiantes, afecta la calidad de la enseñanza y le da un golpe muy fuerte a las universidades en cada región. No está en discusión la incorporación de las innovaciones tecnológicas a los métodos de enseñanza. Eso siempre lo hemos hecho y lo haremos, pues es nuestro oficio de docentes. Hoy tratamos de superar esta emergencia atendiendo a cuidar los derechos laborales de los docentes, en los derechos a estudiar de los y las jóvenes, y en la calidad académica. Hoy, frente a la pandemia, planteamos que la Universidad tiene que ponerse plenamente al servicio del pueblo y nosotros, los y las docentes, nos convocamos a poner nuestro conocimiento al servicio de esta gran cruzada de todo el pueblo, que es la lucha por el cuidado de la salud y enfrentando a los intereses económicos y políticos que quieren maximizar sus tasas de ganancias a costa de los sufrimientos de las mayorías. De la pandemia vamos a salir con lucha y unidad y debemos precavernos de los proyectos que, montándose en esta situación, quieren imponer salidas en contra de la Educación y la Universidad Pública.

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